«Los objetos tienen su función, pero en ellos hay depositados muchos sueños»

«Es verdad que los recursos que utilizo están muy cerca de lo que solemos entender como poesía»

El trabajo de Chema Madoz (Madrid, 1958) es uno de los más seductores y apreciados de la fotografía artística española de las últimas tres décadas. Su forma de fotografiar objetos cotidianos poéticamente intervenidos levanta pasiones, tal como dejó claro ayer la asistencia a la charla sobre su obra que impartió en La Arena, dentro de los III Encuentros fotográficos de Gijón.

 

-¿Encuentra los objetos, busca los objetos, los objetos le encuentran a usted?
-Cualquiera de los sistemas es válido. No procedo de una forma lineal ni pienso los pasos a seguir. El proceso es, por decirlo de alguna manera, un cajón de sastre en el que caben desde los objetos encontrados a los objetos que han sido creados con la única y exclusiva función de ser fotografiados. En ocasiones, la idea está clara previamente y es la que me hace buscar el objeto necesario para ponerla de relieve, y en otros la imagen puede resultar consecuencia de algo que no es exactamente un tropiezo, pero que sí tiene algo de fortuito. Pero, aunque haya un aspecto muy formal, muy meditado, hay también una parte de azar.

-¿Cuándo y cómo encontró en las cosas comunes su campo de trabajo?

-Fue a principios de los años noventa, como parte de un proceso de depuración de lo que estaba haciendo. Entonces trabajaba en series ordenadas conceptualmente, con una idea que se desarrollaba de principio a fin y que luego pasaba a ser otra idea con su serie de fotografías correspondiente. Durante todo ese trabajo fui metiéndome en un proceso de eliminación de todo lo accesorio y hubo un momento en el que tuve la sensación de que las figuras humanas con las que trabajaba no estaban aportando algo definitivo, sino que las estaba utilizando, y llegué a la conclusión de que casi las estaba utilizando como si fuesen objetos. Para mí fue un paso natural intentar trabajar con el objeto directamente. Natural y, al tiempo, complicado.

-¿Por qué?
-Porque lo que para mí hasta aquel momento había sido el desarrollo normal de la fotografía había estado centrado en la figura humana. Y el que desapareciese de la imagen me empujaba hacia una especie de vértigo o de abismo, en el sentido de cómo podía afrontar la imagen, cómo podía articularla en torno al objeto. Para mí fue un descubrimiento comprobar, con el tiempo, cómo los objetos están bañados por todos nuestros intereses. Están, por otro lado, creados con una función muy inmediata, muy clara, muy evidente, pero a la vez hay depositados en ellos muchos sueños, y hay todo un simbolismo detrás de ellos. Fue como encontrar la llave a un mundo que me permitía muchas posibilidades.

-Una especie de humanización del objeto…
-El objeto en sí está humanizado desde el momento en que son elementos que han sido creados por las personas, y eso les da un carácter muy particular. Pueden desaparecer las figuras, pero al hablar de los objetos estás hablando también de lo que hay detrás de ellos, que al final somos nosotros.

-¿Lo que hace poetiza de alguna manera los objetos vulgares?
-Es verdad que los recursos que utilizo están muy cerca de lo que solemos entender como la metáfora, la paradoja… todas estas cosas tienen una asociación muy directa y estrecha con la poesía. Es posible que por ese lado se pueda dar una identificación entre la poesía y mi propio trabajo. A mí es algo que me halaga, poder pensar que mis imágenes se pueden entender desde ese aspecto poético.

-Pero lo curioso es que, junto a la sorpresa, hay una especie de obviedad, como si descubriese algo natural en los objetos…
-Es que esos nexos, esos vínculos, si tienen esa validez o potencia visual es en cierta medida por esa evidencia que adquieren al verlos a través de la imagen fotográfica. Es algo que hasta cierto punto todos hemos presentido, pero no teníamos una idea clara, que es la que te da la imagen. La fotografía se vuelve así el detonante de una realidad que intuíamos.

-Y siempre dejando claro que la fuerza de lo que hace reside en la fotografía, no en la escultura.
-Es evidente que hay aspectos escultóricos en lo que hago, y es algo que me interesa. Pero yo intento hacer hincapié en que ese objeto coge sentido siempre a través de la fotografía, mientras que tan sólo en algunos casos mantienen esa entidad o ese cuerpo únicamente si lo mantenemos como objeto. En el taller hay infinidad de objetos, de trastos con los que has ido trabajando, y hay algunos con los que sí tienes esa presencia física; no para ser expuestos en una sala, pero la tienen. Sin embargo, la gran mayoría adquieren esa carga sólo cuando son fotografiados.

-¿Los compra, los encuentra por ahí, se los dan?
-Es una mezcla de todo eso. Esta misma tarde, en la calle, mientras estaba haciendo una entrevista por teléfono, me he quedado parado delante del escaparate de una ferretería y al final he tenido que entrar tres veces a comprar cacharros distintos. Los estaba viendo y dándome cuenta de que eran las cosas que necesitaba. Las cosas pueden salir de un contenedor, de un rastro, de la basura, de objetos que adquieres en tiendas o coges en casas de amigos. Cualquier cosa es válida.

-Los objetos que usa están en todas partes. ¿Están siempre su ojo y su mente trabajando?
-Por lo menos el intento de trabajo es continuo. Pero el resultado depende del acierto, que eso sí que es discontinuo en el tiempo. Pero sí que vas siempre con una mirada receptiva, vas intentando ir más o menos despierto para poder seguir encontrado elementos con los que puedas seguir desarrollando el trabajo. Pero como decía antes, no depende de la presencia física de ese objeto, sino que son más bien sensaciones que puedes tener ante una situación concreta, y que luego buscas la forma de traducir y de llevarlo a tu propio terreno para darle un cuerpo.

-¿Puede haber en sus fotos algo de una pedagogía para ver de otro modo la vida diaria?
-No es que pretenda hacer un trabajo que aspire a enriquecer a los demás, sino que pretendo enriquecerme yo mismo. En definitiva, todo esto me sirve para aclarar mis propias ideas, para aclarar mi propia relación con el entorno y el mundo. Y luego, evidentemente, si eso puede servir a alguien como punto de reflexión para entresacar sus propias ideas, bienvenido sea. Siempre eres consciente de que va a haber un espectador de esas imágenes, pero desde luego es el primer espectador, la primera persona que mantiene relación con esos objetos, es decir, yo, quien busca establecer una conexión con ellos que suponga algo.

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